He investigado lo que resulta ser una infinidad de modos en que el sistema nervioso central y el sistema inmunológico se comunican: sendas biológicas que hacen que la mente, las emociones y el cuerpo no estén separados sino íntimamente interrrelacionados. El sistema inmunológico es el " cerebro del organismo" como dice el neurólogo chileno Francisco Varela, de la Ecole Polytechnique de París, al definir la noción que el organismo tiene de sí mismo: de lo que le pertenece y de lo que no le pertenece. Las células del sistema inmunológico se desplazan en el torrente sanguíneo por todo el organismo, poniendo prácticamente en contacto a todas las otras células. Al encontrar células que reconocen las dejan en paz, cuando encuentran células que no reconocen, atacan. El ataque nos defiende contra los virus, las bacterias y el cáncer o, si las células del sistema inmunológico no logran reconocer algunas de las células del propio organismo, crean una infermedad autoinmune como la alergia o el lupus.
Nadie había imaginado que las células inmunológicas podían ser blanco de los mensajes enviados desde los nervios. Para probar lo importante que eran estas terminaciones nerviosas en el funcionamiento del sistema inmunológico, Felten fue un paso más allá. En experimentos con animales eliminó algunos nervios de los ganglios linfáticos y del bazo- donde se almacenan o se elaboran las células inmunológicas- y luego utilizó los virus para desafiar al sistema inmunológico. El resultado fue una marcada disminución de la respuesta inmunológica al virus. Su conclusión es que sin esas terminaciones nerviosas el sistema inmunológico sencillamente no responde como debería al desafío de las bacterias o los virus invasores. En resumen el sistema nervioso no solo se conecta con el sistema inmunológico, sino que es esencial para la función inmunológica adecuada. Otra vía clave que relaciona las emociones y el sistema inmunológico es la influencia de las hormonas que se liberan con el estrés. Las catecolaminas ( epinefrina y norepinefrina, también conocidas como adernalina y noradrenalina), el cortisol y la prolatina, y los opiáceos naturales beta- endorfina y encefalina, se liberan durante el aumento del estrés. Cada una ejerce un poderoso impacto en las células inmunológicas. Mientras las relaciones son complejas, la principal influencia es que mientras estas hormonas aumentan en todo el organismo, la función de las células inmunológicas se ve obstaculizada: el estrés anula la resistencia inmunológica, al menos de una forma pasajera, supuestamente en una conservación de energía que da prioridad a la emergencia más inmediata, que es una mayor presión para la supervivencia. Pero si el estrés es constante e intenso esta anulación puede volverse duradera.
Los microbiólogos y otros científicos, descubren cada vez más conexiones entre el cerebro y los sitemas cardiovascular e inmunológico, aunque primero tuvieron que aceptar la noción en otros tiempos radical de que existen. EMOCIONES NEGATIVAS: Los datos clínicos A pesar de estas pruebas, muchos médicos, o la mayoría de ellos, siguen siendo escépticos en cuanto a que las emociones tengan alguna importancia clínica. Uno de los motivos es que aunque muchos estudios han descubierto que las emociones negativas y el estrés debilitan la eficacia de las diversas células inmunológicas, no siempre queda claro que el alcance de estos cambios es lo suficientemente amplio para tener importancia médica. Aún así, cada vez son más los médicos que reconocen el lugar que las emociones tienen en la medicina. Por ejemplo, el Dr. Camran Nezhat, eminente ginecólogo laparoscópico de la Universidad de Stanford dice: " Si alguien que debe someterse a una operación me dice que ese día siente pánico y no quiere pasar por ella, cancelo la intervención". Y explica: " cualquier cirujano sabe que las personas que están muy asustadas tienen problemas durante la operación. Sufren hemorragias abundantes y más infecciones y complicaciones. Tardan más tiempo en recuperarse. Es mucho mejor si están serenas" La razón es evidente: el pánico y la ansiedad elevan la presión sanguínea y las venas dilatadas por la presión sangran más abundantemente cuando el cirujano practica la incisión con el bisturí. La hemorragia excesiva es una de las complicaciones quirúrgicas más molestas y a veces puede provocar la muerte. Más allá de estas anécdotas médicas, las pruebas de la importancia clínica de las emociones han ido aumentando incesantemente. Tal vez los datos más evidentes de la importancia médica de la emoción surgen de un análisis que combina resultados de 101 estudios en uno solo más amplio de varios miles de hombre y mujeres.
Luigi Mazzone
Especialista de Productos
TLF 04241952014